miércoles, marzo 08, 2006

OPINIÓN/ Sólo si están seguros podrán contarla

La generación de jóvenes a la que pertenezco seguramente no morirá de vieja ni se jubilará a los sesenta y tantos años, porque la persiguen los excesos de la generación hippie, las ETS de la yeyé, la privatización y los caprichos de los 80s; la falta de acceso a la educación y la corrupción de los 90s y ahora las balas perdidas, o a veces escrituradas, de cualquier loco que de repente se sienta con el derecho de arrebatarnos a tiros nuestra corta existencia.

Esta juventud, en consecuencia, ya no desafía la vejez, la madurez y la oposición de los adultos; está encogida por el miedo. Está obligada a convertirse en su propio guardaespaldas y a mendigar la siempre tardía ayuda del 112 y del Gobierno.

Aunque con qué ganas se le pide seguridad a un país donde políticos como Javier Cáceres Leal, candidato al Congreso por el Partido Radical, pide “Chuzo pa´ los corruptos”, como si los problemas se acabaran dándonos chuzo unos a otros.

'Chuzo’, como se le conoce, puede ser -según sus colegas- uno de los mejores senadores del país. Se dice que fue quien destapó la olla podrida en Dragacol y fue pieza clave en la apertura de la investigación contra Enilce López, alias la ‘Gata’.

Denunció ante los medios de comunicación su presencia en la política colombiana, especialmente en Bolívar. Eso se dice y mejor no meto con este personaje, porque de pronto me da chuzo.

Y es precisamente con lo que no estoy de acuerdo. Con la forma como maneja su imagen política, sobre todo conociendo que la bala y el chuzo a diario nos dejan sin padres, hijos, hermanos, tíos, compañeros y amigos de trabajo.

A las 9:45 de noche, del jueves 2 de marzo, Alejandra Trigos (Q.E.P.D.), estudiante de quinto semestre de Medios Audiovisuales del Politécnico Grancolombiano, murió baleada en Saloom, un bar universitario del sector de Chapinero conocido como ‘La 51’. Una calle en donde hay cerca de ocho ‘rumbeaderos’ a menos de 20 metros de la Universidad Santo Tomás de Aquino.

La joven de 19 años entró al bar con un grupo de amigos, pero bailando encontró la muerte. En el lugar, Liliana Patricia Jiménez, de 28 años, disparó durante una riña una pistola, propiedad de su acompañante, el ciudadano chino Haitao Zhang, y el proyectil llegó hasta donde Alejandra bailaba con Andrés, uno de sus compañeros del Poli.

El hecho generó indignación en la comunidad universitaria que ahora se pregunta: ¿cómo entró al bar un arma de fuego ? ¿Por qué no hay un la ley que obligue a los 'bouncers' o porteros de estos sitios a usar siempre detector de metales para garantizar la seguridad de sus clientes? ¿Por qué todavía se trabaja con la vieja mentalidad, un poco sexista, que supone que sólo los hombres portan droga y armas?

La fuerza pública y las empresas de seguridad o son ciegas o sus técnicas de requisa son muy laxas. Es incomprensible, por ejemplo, que aún desconozcan que en los conciertos que se realizan en el Parque Simón Bolívar, días antes del evento, los vendedores del "chito, maní, caramelo" entierran debajo del pasto las botellas de aguardiente y las bolsas con 'moños' de marihuana.

Otro caso, igualmente preocupante y que evidencia la inseguridad que hoy viven los universitarios dentro y fuera de las aulas, se presentó el viernes 2 de diciembre del año pasado. Karen Díaz, estudiante de antropología de la Universidad Nacional, murió en extrañas circunstancias en frente de la entrada principal de su alma máter, cuando se dirigía a su casa a las 10:30 de la noche.

Ese día se cumplía el Día 28 del paro en la ‘Nacho’ y Karen era la representante estudiantil al Comité Asesor. Además, era uno de los cientos de universitarios que marcharon, por distintos lugares de Bogotá, en defensa de la educación pública a finales de 2005.


Los riesgos no sólo son para los universitarios
En marzo, también del año pasado, un joven estudiante de trece años murió en Bello, norte del Antioquia, tras dispararse un tiro en la cabeza, jugando a la famosa Ruleta Rusa.


Otro caso se presentó en el colegio Carlos Eduardo Galán, en el suroccidente de Bogotá, Andrés Camilo, un estudiante de noveno grado, resultó gravemente herido al ser atacado con un cuchillo por dos de sus compañeros. El adolescente de tan sólo 14 años se peleó con dos de sus compañeros de clases y uno lo hirió en el cuello porque pensó -digo yo- que a punta de chuzo iba a solucionar el problema.

Los jóvenes ya no sabemos en dónde nos va sorprender la muerte. Resignados algún día la esperaremos en la sala de la casa, sentados plácidamente en una mecedora, como el coronel Aureliano Buendía. El Gobierno debería garantizarnos que en Bogotá, y en general en todo el país, se cumpla el Código de Policía.

Pues, según estadísticas, de las 54 armas que se incautan al día el 14 por ciento no tiene salvoconducto. Hay que apresurase y tomar medidas; no quedaría bien que Colombia destronara a Tamil Nadu (al sur de la India), con el índice más alto de muertes de gente joven en el mundo.

A esta, la generación del Ipod: insecured, pressured, overtaxed, debt-ridden (insegura, presionada, agobiada a impuestos y altamente endeudada), le gustaría contar con los mismos privilegios de la generación de Gabo y de todos los exegetas que todavía intentan buscarle equivalencia geográfica a Macondo. Queremos vivir la vida para contarla y en lo posible anticiparnos a la muerte, para huir de la fría y desconsida presencia de su sombra.


3 comentarios:

Christian Pardo dijo...

Actualización de datos
Marzo 9 de 2006- EL TIEMPO
12:07 p.m
Médicos confirman muerte cerebral de estudiante herido en protesta en la Universidad Nacional

La Policía Metropolitana de Bogotá anunció que se investigará de dónde provino el ‘proyectil metálico’ que le produjo una grave herida en la cabeza.

Óscar Salas, de 20 años, resultó herido ayer sobre la 1 de la tarde, en un enfrentamiento entre estudiantes de la Universidad Nacional y miembros del escuadrón antidisturbios de la Policía, en la calle 45 con carrera 30.

El comandante de la Policía Metropolitana, general Luis Alberto Gómez Heredia, dijo anoche que pedirá a la justicia penal militar y a la Procuraduría que investigue la actuación de sus hombres.

Christian Pardo dijo...

Otros incidentes en la Universidad Nacional- EL TIEMPO

30 de agosto del 2000. Durante la visita del entonces presidente de los Estados Unidos Bill Clinton a Colombia, estudiantes de la Universidad Nacional se enfrentaron con miembros de la Policía. El patrullero Mauricio Soto resultó muerto luego de que una papa bomba le estallara en la nuca.

7 de noviembre de 2001. Carlos Giovanni Blanco, estudiante de segundo semestre de medicina de la Universidad Nacional, fue asesinado dentro del claustro durante otro disturbio. El vicerrector del momento, Leopoldo Múnera, dijo que Blanco murió alcanzado por una bala disparada desde el exterior del ente educativo.

22 de noviembre de 2002. Cuatro rockets fueron disparados desde el interior del centro educativo. Dos de ellos cayeron a pocos metros de la Fiscalía General de la Nación y otros dos cerca de la Embajada de los Estados Unidos.

28 de noviembre de 2002. La Universidad fue cerrada durante una semana y la fuerza pública ingresó a las instalaciones a buscar material bélico. Fueron encontrados varios explosivos.

Gosaki_Hideyoshi dijo...

Lo de la representante de la nacho si no lo sabía. Eso si como que las noticias no lo difunden mucho.
Desde que sali de la nacho pues ni idea de eso.

Buen blog lo felicito. Muy acertado este post en cuanto a la generación ipod. cuando nos dejaran de desangrar con los impuestos y podremos hacer empresa tranquilos??.