lunes, marzo 27, 2006

OPINIÓN/ Que entre el diablo y escoja

El avión llegó al aeropuerto militar de Catam a eso de las 11:30. Adentro, cual si se tratara de un buen augurio para el TLC, cajas, bolsas y maletines repletos de mercancía made in USA se amontonaban en las bodegas, en la cabina, sobre las sillas, en los corredores y hasta en los baños.

Así llegaba a Colombia la comisión de Ministros, asesores y parlamentarios que acompañó la que sería la última de las rondas de negociación que contaría con una veeduría pública constante por parte del Congreso, los medios y un grupo diverso de representantes del sector privado.

Era diciembre de 2005. Pocos meses después asistimos al cierre de las negociaciones. A la fecha, el texto definitivo del tratado está siendo revisado por abogados de las dos partes, en un proceso que demorará 90 días. Después se espera sea presentado al Congreso de la República, donde las mayorías uribistas habrán de aprobarlo sin ningún contratiempo.

Aunque se esperan interesantes debates, que tendrán que ver con la polémica en torno a las eventuales atribuciones del Congreso para establecer reservas de distinto tipo y el diseño y la financiación de las políticas compensatorias que el gobierno ha prometido en el marco de la Agenda Interna, no se esperan turbulencias mayores en el proceso de aprobación. Y a partir de entonces, TLC para rato.


Ahora bien, para encarar la discusión del TLC debemos tomar distancia del grueso de la retórica rimbombante de muchos de los opositores del tratado. Si, en el TLC el país está hace una apuesta importante y es claro que algunos sectores exportadores saldrán claramente beneficiados.

También debemos distanciarnos de la retórica oficialista gubernamental, que asume que explicar el contenido del acuerdo es igual a llenar las ciudades con la imagen del presidente; a la espera, quizás, de que su rostro de seminarista convoque a los fieles en procesión. Si, con el TLC habrá sectores productivos que habrán de desaparecer (el discurso neoliberal denomina a este proceso “relocalización de recursos”).

Entender el TLC supone intentar un balance que de cuenta de los lugares donde podemos esperar ganancias y aquellos donde habremos de esperar las pérdidas. No olvidemos que mientras el objetivo estratégico fundamental de Colombia era lograr acceso para sus productos a un mercado enorme y rico como el norteamericano, a Estados Unidos le interesaba lograr acuerdos en temas no comerciales.

Así, a nuestra contraparte le interesa llegar a acuerdos en temas como propiedad intelectual, inversiones, compras públicas, políticas de competencia, entre otros. Nosotros queremos poder entrar a vender, ellos quieren disciplinar los mercados.
No olvidemos que la suscripción de este tipo de tratados se inscribe dentro de un procesote liberalización comercial de más largo aliento, que se desarrolla simultáneamente en el plano regional (donde se destacan iniciativas como ALCA, NAFTA o el Acuerdo CAN–MERCOSUR) y global.

El estancamiento de las negociaciones del ALCA y la imposibilidad de llegar a acuerdos en el marco de la ronda Doha de negociaciones en el seno de la OMC hicieron que Estados Unidos optara por la búsqueda de acuerdos bilaterales para avanzar sus intereses estratégicos. En poco tiempo ha suscrito acuerdos con los países centroamericanos, Jordania, Australia, Marruecos y ahora ecuador, Perú y Colombia, entre otros.

Cabe recordar que el continente ha experimentado un proceso de apertura significativo desde hace dos décadas, que se aprecia claramente en la reducción de los aranceles promedio, que pasaron de más del 40% a mediados de los 80 a alrededor del 10% en el 2000. Al mismo tiempo, los aranceles máximos cayeron de un promedio de más de 80% a 40% y se redujo significativamente la dispersión arancelaria.

Este proceso de liberalización estimuló un crecimiento significativo del comercio subregional, así como del comercio extraregional. Para América Latina sin embargo, según el Banco Interamericano de Desarrollo, la apertura global de las economías representó un crecimiento sensiblemente mayor de las importaciones que de las exportaciones (12% y 9,7% respectivamente). Revisemos nuestras apuestas.

Queremos entrar al mercado norteamericano
A la fecha, nuestros exportadores pagan aranceles (o impuestos de entrada) más baratos para ingresar al mercado norteamericano en virtud de una ley que nos otorga preferencias en virtud de nuestro papel en la lucha contra las drogas (El ATPDEA).

Con el TLC vamos a lograr algunas preferencias adicionales, pero fundamentalmente vamos a asegurar que las preferencias ATPDEA se conviertan en permanentes . Es lugar común en la literatura especializada el reconocer que la liberalización unilateral y la ronda Uruguay eliminaron la mayoría de las restricciones cuantitativas para el comercio entre los países latinoamericanos.

Sin embargo, el comercio en la región sigue y seguirá enfrentando significativas barreras no arancelarias tales como normas técnicas, medidas sanitarias y fitosanitarias, procedimientos aduaneros demasiado dispendiosos o reglas de origen demasiado restrictivas. Y lamentablemente es allí donde se juegan hoy en día las oportunidades reales de acceso que tengan nuestros productos como resultado de este Acuerdo.

La experiencia sugiere que el mantenimiento de cargas administrativas excesivas en las fronteras ha erosionado la credibilidad y los beneficios obtenidos en experiencias previas de negociación.

Pareciera que a futuro uno de los grandes interrogantes que se ciernen sobre los procesos de integración en el continente tiene que ver con la posibilidad de dar forma a agencias supranacionales con los recursos y la capacidad para certificar normas técnicas. Sin duda, una cuestión muy distante de las interrogantes que motivaron la negociación del TLC.

El dilema son las barreras no comerciales que nos impiden exportar. Barreras como los controles fitosanitarios y de seguridad en la frontera, que pueden encarecer tanto un producto hasta hacer imposible su venta; o determinados requisitos de desempeño que impiden el establecimiento de empresas o profesionales colombianos en ciertos Estados.

Al respecto, Colombia apenas y logró que se pactara la eventual creación de comisiones para estudiar eventuales impactos negativos de las mismas. En cuanto a las ayudas internas que el estado norteamericano brinda a algunos sectores (especialmente el agrícola) y que en la práctica impiden el ingreso de nuestros productos, Estados Unidos fue claro: no estaban sobre la mesa, no eran negociables.

La negociación de reglas de origen es sin duda uno de los aspectos más delicados de cualquier instrumento internacional contemporáneo. Como lo destacan distintos estudios, reglas restrictivas constituyen un verdadero “proteccionismo oculto”, pudiendo, además, promover asignaciones suboptimas de recursos al inducir el tránsito de insumos no regionales de menor valor a insumos regionales de alto costo como contraprestación por la posibilidad de disfrutar de condiciones preferenciales de acceso.

Pero Colombia no sólo busca vender, también pretendemos que el TLC permita atraer inversiones que aseguren el crecimiento. Asunto bastante espinoso, pues no existe consenso definitivo en la literatura especializada en torno a la existencia de una correlación positiva entre inversión extranjera y liberalización comercial.

Más allá de la revisión de casos exitosos circunscritos a condiciones irrepetibles o la por momentos sobrevalorada experiencia de la ola privatizadora de los noventa, cabe proceder con la cautela que aconsejan los organismos multilaterales.

Recientemente, tanto el Banco Mundial como el Banco Interamericano de Desarrollo han advertido sobre el riesgo de que la prosecución de este objetivo intensifique una competencia agresiva en materia de incentivos para la ubicación de IED que se traduzca en una distribución inequitativa de beneficios en favor de las firmas extranjeras.

Una nueva reforma laboral que flexibilice aún más la contratación o una reforma tributaria que cree nuevas exenciones para los capitales extranjeros comenzarían a despuntar en el horizonte.

Finalmente, cabe anotar que el aprovechamiento de las economías de escala, sumado a las posibilidades en materia de diversificación de la oferta exportable y atracción de inversión extranjera directa deberían redundar, con el paso del tiempo, en aumentos en la productividad y la competitividad de nuestros sectores exportadores.

Esa es otra de nuestras apuestas.
Estados Unidos jugó sus cartas como potencia y manejó siempre los ritmos de la negociación. Sus demoras nos exasperaron y su intransigencia incluso dividió al ejecutivo y los negociadores en distintas oportunidades. En materia de inversión, lograron limitar en extremo la libertad del estado para establecer controles a los flujos de capitales.

En propiedad intelectual lograron que se aprobara una legislación más estricta que el ADPIC , cuyo objetivo es hacer más estrictas las normas que protegen la propiedad sobre el conocimiento en una era en la que este resulta el elemento clave del que dependen la productividad y la competitividad de individuos, empresas y naciones. Como monitorear los resultados del tratado si las mayorías apenas y conocen las disposiciones que se pactaron en estos capítulos.

Estados Unidos también consiguió el establecimiento de cláusulas que garantizan la liberalización progresiva de los mercados de telecomunicaciones (al menos parcialmente, en una coyuntura en la que vuelven a retumbar las campanas privatizadoras), compras públicas y servicios.

En el TLC también se fijan procedimientos para resolución de controversias de los que siempre la gran industria multinacional ha sido abanderada, al tiempo que se evita establecer una reserva cultural extensa que permita al Estado una alta discrecionalidad para involucrarse en políticas de protección y promoción cultural.


Algunas precisiones
En primer lugar, debemos hacer hincapié en la importancia que tiene el acompañar la discusión del TLC con las cifras que den cuenta de los costos fiscales que tendrá la eliminación de aranceles pactada en este acuerdo y aquellos que sean negociados en el futuro. Este es un insumo fundamental para la discusión informada de cualquier acuerdo de libre comercio, sin el cual resulta difícil hacerse una idea de sus alcances.


En segundo lugar, valdría la pena señalar, siguiendo la literatura existente, cómo la gran duda que enfrentan este tipo de acuerdos comerciales radica en su débil institucionalización. Una debilidad que nos hace vulnerables a acciones unilaterales y que podría multiplicar los costos de transacción asociados a la proliferación de acuerdos cuya institucionalización y eventual profundización enfrentan serios retos.


En tercer lugar, parece claro que las oportunidades comerciales abiertas por el acuerdo ofrecen beneficios netos a ambas partes. Sin embargo, sólo si estas oportunidades se acompañan de políticas de promoción y mecanismos compensatorios se puede evitar que la distribución desigual de dividendos y pérdidas profundice las dificultades económicas que enfrentan algunas regiones.

Políticas que promuevan incrementos reales en la productividad, brinden alternativas en materia de cooperación para el mejoramiento de la competitividad o el descubrimiento de nuevas vocaciones exportadoras, que fortalezcan los mercados de crédito y permitan combatir restricciones en la oferta exportable que no pueden superarse simplemente con las oportunidades que surgen de las reducciones en los aranceles.


Necesitamos que el debate informado cale en las mayorías.
Necesitamos que usted se apropie de la discusión y pueda dar cuenta del contenido del TLC. Muchos, sin embargo, sólo esperan, en sus viejas mecedoras, que lleguen productos importados a menor precio. Que lleguen muchos, tantos más, mejor. Y seguirán esperando, cosa que hacemos muy bien, al nuevo Mesías, bien sea Uribe, o Bush, o la selección, o Chavez o Jesucristo.

Por Álvaro Ben Rey
Columnista de El Gatocpardo




7 comentarios:

Dostiempos dijo...

Hola, me gusta la tentativa de explicar el "tema TLC" huyendo de las retoricas.
Dostiempos

Peter Pan dijo...

Yo soy muy escéptico con del tratado que firmó Colombia con los gringos. Un taxista, hablaba con propiedad del tlc mientras conducía, me decía que los perjudicados van a ser los empresarios y no los consumidores porque vamos a ver gangas por la sobreoferta de productos, eso puede ser cierto pienso. Su iniciativa me suena pero es difícil convencer a centenares de sindicalistas y universitarios como los que protestaron el jueves frente a la embajada de estados unidos que el tlc tiene salida al final del túnel…

Annie dijo...

Reunión Blogger la invitación abierta una buena ocasión para trascender el teclado y el monitor
Sábado 1ro. de Abril 8:00 p.m. en Luvina Libros cra 5 No. 26A-06. Tel. 2844157

Anónimo dijo...

uribe le vendio el país a los gringos no por el tlc por todo lo que hace en contra de la soberania y la democracia, esperemos el 2007 para que cristo empieza a padecer y con el todos los colombianos.

Diana Arteaga dijo...

Qué buen blog para mantenerse al dia!!!!!

Manuel dijo...

Algo que ni los medios ni (por lo que vemos) el gobierno ha tenido en cuenta respecto al TLC es que el principal escollo no es el congreso de Colombia, aqui sabemos que va a pasar.

El principal problema es si pasa en el congreso de Estados Unidos, ya que actualmente el gobierno de Bush se encuentra con muy poco capital político, y con toda seguridad no va a querer gastarlo innecesariamente antes de las elecciones de Noviembre.

El TLC que suscribió Estados Unidos con centroamérica tuvo muchos problemas, fue necesario hacer varias rondas de votación, y tuvieron que renegociar aspectos del tratado para poder someterlo al voto de la cámara baja, donde pasó solamente por 2 votos (217-215 creo), a pesar de que el partido republicano tiene 40 escaños de ventaja, es decir, ni entre los mismos del gobierno estaban todos de acuerdo.

Que ira a pasar cuando llegue el TLC de Colombia ??

Manuel dijo...

Se acuerdan que les habia dicho que el problema es el voto en la cámara de representantes de EEUU ?? Pues parece que el señor presidente apenas se dió cuenta, miren lo que dijo hoy en un discurso:

"Me preocupan estas dilaciones... me preocupa que allí haya válidos temores sobre la cantidad de votos que se requieren en el Congreso norteamericano para aprobarlo", señaló Uribe.

http://www.elcolombiano.com.co/BancoConocimiento/O/olac_uribe_analizara_tlc_en_eu_ap_mhh_10082006/olac_uribe_analizara_tlc_en_eu_ap_mhh_10082006.asp?CodSeccion=46