lunes, noviembre 07, 2005

OPINIÓN/ La Toma del Palacio de Justicia: Veinte años de impunidad, concesiones y arreglos cosméticos de paz

Por esta época se habla de dos cosas en Colombia de reinas y del episodio del Palacio de Justicia. Como estoy muy lejos de convertirme en crítico de belleza y no tengo ‘ojo clínico’ para diferenciar entre una pocheca de silicona y una verdadera 36 B, voy a quedarme con los 20 años de la toma.

Además no me apetece engrosar tan selecto grupo que, sospecho, ya debe tener cuota de membresía y junta directiva (Raimundo Ángulo, José Gabriel, Jorge Alfredo Vargas, Isabella Santodomigo y Alejandra Azcárate).

Antes de poner proa hacía la historia del ‘País de las Maravillas’, me gustaría dejar sobre la palestra un dato curioso. Hace muy poco revisando el anaquel de libros hartos encontré algunos eslóganes políticos que – a mi juicio – son muy contrapuestos.

Por ejemplo, hace unos años alguien pregonó que “llegó el tiempo de la gente”, pero nunca clarificó que se refería a la gente de las Farc y la zona de despeje.

Hace muy poco, un tipo muy famoso entre los colombianos aseguró que iba a gobernar “con mano firme, corazón fuerte” y desde entonces la mano ha temblado y el corazón está tan confundido que, incluso, sus amores están divididos entre su propio partido y el conservatismo. (En este momento, los partidos políticos tradicionales andan atomizados y los ‘independientes’ giran alrededor de sus líderes).

En 1982, Belisario Betancur habló que durante su gobierno (1982-1986) buscaría la paz. Lo que nunca se supo era si se refería a la paz en sus escasos alejandrinos.

La paz para estos tres gobiernos fue el sustentáculo de la verborrea de su campaña. Todos designaron numerosas comisiones, encabezadas por algunos de los nombres más ilustres, para adelantar el proceso con las guerrillas de turno: el M-19, el EPL y las Farc.

Como raro siempre le proponen al país la misma tantas veces fallida política de paz, con algunos arreglos cosméticos, cuando la verdadera alternativa que tiene Colombia es la de ganar o perder la guerra. No tiene sentido – o al menos para mí – negociar en medio de disparos y minas anti-persona. No estoy muy seguro de que las concesiones y los indultos acaben con este conflicto por el poder, que data en Latinoamérica desde la Revolución de Cubana.

En fin. No voy a rasgarme las vestiduras por algo que no depende de mí, sino de los que tienen, desgraciadamente, la funesta propuesta de aceptar despeje para los supuestos diálogos y llaman insurgencia a lo que es subversión, para sustentar la idea de que la guerrilla es la respuesta, por vía de las armas, a injusticias sociales y a una falta de espacios políticos más amplios.


Por eso, el asalto, toma, batalla, quema, holocausto como algunos han querido llamar a la toma del Palacio de Justicia por parte del grupo de izquierda M-19 es, hoy, 20 años después, el símbolo más grande de impunidad en el país.

No sólo por las violaciones a los acuerdos de Ginebra, sino porque después de cuatro lustros ningún miembro del M-19 responde penalmente por la muerte de 14 magistrados, 96 civiles y una cifra imprecisa de desaparecidos que aumenta con los años. Claro, y por la segunda destrucción del Palacio, después de las pérdidas del ‘Bogotazo’.

Me temo que ‘el golpe del año’ del M-19 fue un jaque mate al gobierno, la Constitución y las leyes. Nadie ha entregado tanto a la guerrilla y a cambio de nada como Betancur y Pastrana.


No sólo están libres sino que hacen parte de la clase dirigente en un país donde el guerrillero le cuida los terrenos al narcotraficante, el narcotraficante le da dinero a los paramilitares, lo paramilitares están compuestos por… en fin. No echo más puyas porque otra vez me borran el blog.

Mucha suerte a la Comisión de la verdad y a Luis Carlos Restrepo, a quien la psiquiatría con los ‘paras’ no le ha servido para nada, pues su discurso de justicia no dista mucho de la que podrían ser las segundas partes de su libros El derecho a la ternura y Libertad y locura.

Colofón
Ya vienen las elecciones, fenómeno que contamina de lechona, aguardiente, camisetas y pancartas todas las calles de nuestra patria. A propósito de tan esperado certamen, Uribe le dio hace unos días un ultimátum, ¿o era antepenultimátum, penultimátum, posultimátum?, a los paramilitares, para que no intervengan en los comicios y se desmovilicen antes del 31 de diciembre. La verdad no creo que suceda. Quien conozca bien las enseñanzas recibidas por la subversión colombiana – las de Lenin, las del Che y Mao Tse– saben que, como decía el primero, “la paz puede ser instrumento de guerra” y da el poder para manosear el gobierno (le agregaría yo).

Miguel Samper, uno de los más inteligentes críticos de los partidos colombianos en la pasada centuria, señalaba, entre las causas de perversión de los partidos, el hábito de adulterar el sufragio popular, considerado como un servicio a la colectividad “en prueba de entusiasmo por la causa, o cuando menos una simple viveza y una jugarreta al enemigo”. ¡Qué raro!
¿Será que los ‘paras’ quieren seguir el ejemplo del M-19 y convertirse en partido político?

6 comentarios:

marsares dijo...

Claro que el M-19 tiene la culpa por la toma del Palacio de Justicia. Pero también la tienen los militares por su respuesta violenta. Los convenios de Ginebra no fueron respetados y si bien, podíamos haber asistido a semanas o meses de negociaciones, muchas vidas humanas se hubieran salvado que, al final, es lo que realmente importa

Anónimo dijo...

La izquierda está fuerte, pero no por el M. A ellos sólo les importa la plata que les tiene que dar el gobierno. Los paracos quieren ser partido, pero lejos de la izquierda. Baez gusta de la política.

j. dijo...

Bueno, la razón clave por la que ningún dirigente del M-19 pagó carcel, es que todos los que estaban directamente implicados en esa toma murieron ahí mismo o los mataron en los siguientes tres años.

Las autodefensas quieren participar en política y lo están haciendo ya desde hace rato. Adivine por qué el presidente es quién es ahora mismo, echele un ojo a la manera como funciona la política en córdoba y el norte de antioquia desde hace diez años.

Ahí anda Mancusso paseando por sus fincas y disfrutando de su plata saneada, nadie lo persigue y él feliz, protegido por el DAS. Esa desmovilización es una vergüenza, lo del M-19 es una cosquilla comparado con lo que está pasando ahora.

Christian Pardo dijo...

J:Tiene ud razón. Comparado con lo que se vive hoy, lo del M-19 fue una 'lagaña de mico'. Basta con reflexionar acerca de lo que dijo Rocio Arias. A los narcotráficantes se les debería considerar dizque actores del conflicto. Eso comprueba que este es el único país donde los narcos, los corruptos y los asesinos se caen de pa´arriba.

Anónimo dijo...

stedes no saben nada la culpa no la tuvo ni el m -19ni el ejercito la tuvo fue el precidente de esa epocoa por no psasr al telefono

Anónimo dijo...

creo que es interente que se estudie el significado de subversión; porque esto no necesariamnete es el uso de la fuerza o la ilegalidad, para vencer o mostrar la incoformidad del Estado; o sino recuerden la acusación que se le hizo a Piedad Cordoba por haber incitado a estudiantes a la subversión, la cual tuvo que ser revocada, pues al estudiarlo a fondo, subversión no necesariamente es el uso de la fuerza ilegal.