miércoles, octubre 12, 2005

OPINIÓN/ Contra la identidad colombiana

Como si se tratará de una profecía que llegaría como efecto de la globalización, la pérdida de la identidad cultural trastoca actualmente los escenarios de consumo masivo y como secuela intenta reaparecer lo que por años fue excluido y negado. Lo popular.

Sin embargo, esta vez no para obtener mayor reconocimiento y proteger en el campo élite de la civilización un lugar especial a lo tradicional sino para ridiculizar a la gente que, por falta de oportunidades, no puede expresarse mejor de lo que quisiera y que por eso es avergonzada en los medios de comunicación, especialmente en la televisión y en la radio, sin ningún de reparo.

Sobre estas tendencias han proliferado novelas, programas radiales, personajes humorísticos y portadas de algunos medios impresos que usando el populismo han tratado de ser más digeribles y cercanos a un público por generación más híbrido que el anterior.

Pues, el interés contemporáneo ha hecho que cada individuo le cosa a su ‘camisa negra’ lo que más le gusta de cada país. En Colombia, los pobres quieren ser mexicanos, los de clase media sobrinos del Tío Sam y los acaudalados sueñan con emparentar con algún nobiliario europeo, pero muy pocos quieren ser colombianos.

Si bien es verdad que las barreras geográficas no sólo ya no existen, para el terrorismo y las enfermedades, sino que están condenadas a desaparecer, inicialmente al interior de las regiones y luego como consecuencia del apogeo de las compañías transnacionales en el resto del mundo, aún lo más importante, pase lo que pase, es el resguardo de la identidad cultural. No contemplado sólo como lo culto sino también como lo popular.

De hecho, la pérdida evidente de la identidad cultural ha provocado que la humanidad se arraigue a lo que considera popular por creer que allí están sus raíces. Precisamente, el fundamentalismo se encierra, de manera exagerada, en la cultura y en lo religioso, para reversar esa crisis de sentido.

Por eso, es tan importante no confundir popular con populismo ni culto con cultural, para que no lleguemos a esos extremos.

Es oneroso destronar de las pantallas, de los micrófonos y las páginas de los medios el español malhablado y mal escrito, el madrazo para adornar un buen apunte, y los dichos y expresiones que sólo quedan bien con los amigos.

Porque a este paso de cangrejo, los hijos de la hibridación, en mayor potencia nuestros hermanos, hijos, nietos y siguiente descendencia, asumirán problemas más graves que los ambientales.

Pues, como no puede haber porvenir mientras se resisten a la “postmodernidad”, tendrán serios inconvenientes para entenderse y saber quiénes son, si no es que ya se lo preguntan.

En un mundo que, con los días, es más corto de palabras y más lleno de símbolos y signos. Y que peligrosamente, para cada persona, desde ya tienen significados y significantes diferentes.



1 comentario:

Anónimo dijo...

que buena publicacion y eso que no trato el tema de la disque nueva msk que es de lo mas urtado y sobrados del exterior. si somos eso que triste el futuro colombiano.