sábado, septiembre 24, 2005

OPINIÓN / ¿Al mal paso darle prisa?

Aunque el presidente Uribe opine que el TLC debe firmarse este año, lo mejor sería firmarlo hasta que estemos listos para competir y no presionados por los E.U. y por el vencimiento del Aptdea en en el 2006.

El panorama de las exportaciones, en términos generales, es positivo a pesar de que el 62 por ciento de los productos que vendemos son sin valor agregado. El punto neurálgico, por el no se debería firmar el TLC en noviembre, además de que estamos periodo electoral, es que mientras algunos países de este lado del mundo están metidos de lleno en el negocio de los productos procesados, nuestra oferta, en ese sentido, no supera el 38 por ciento.

Para que nos suene bonito, mientras nuestros vecinos comerciales venden lindos condominios, nosotros nos encargamos, con mucho amor, de hacerles los ladrillos. Bien podríamos fabricar lindas mansiones, pero hasta el momento gran parte de nuestros esfuerzos están en el sector primario: la agricultura. Porque duélale a quien le duela todavía somos campesinos, con Internet y con celular en el bolsillo pero campesinos.

Son muy pocos los exportadores que cuentan con la visión, los recursos y el apoyo del gobierno, para convertir sus productos “patito feo” en hermosos cisnes apetecidos en los grandes mercados. Al ser una minoría, a pesar de sus esfuerzos, seguimos en la zaga de la industrialización, la especialización y la tecnificación de los procesos productivos.

La balanza comercial de los E.U. con Colombia es negativa, porque exportan hacia nuestro país muy pocos productos. En cambio, ellos son el primer destino de nuestras exportaciones (40 por ciento) y el segundo inversionista, después de España. Según el DAS, durante los primeros siete meses de 2005 ingresaron a Colombia 494.556 turistas extranjeros, 130.950 fueron ciudadanos norteamericanos.

Ahí es cuando me pongo a pensar, porque así no parezca pienso y soy un apasionado por mi país más allá de un sticker y una manilla, y me preguntó “Christian, por qué si todavía nos falta pelo pa´ la moña y tenemos el ombligo verde debemos firmar el TLC. Por qué no negociamos mejor la prolongación del Atpdea, finalmente los beneficios arancelarios son por la lucha contra el narcotráfico y en ese campo si que hemos hecho”.

Todos tenemos la respuesta en la punta de la lengua y esa es como no. No hay otra. Es una verdad pública que pasa de boca en boca en los cócteles y en las tertulias de los miércoles, por eso no hace falta decirla.

Lo que si hay que decir es que la decisión, de firmar o no el TLC, está lejos hace tiempo de las mesas de negociación en Cartagena. Allá están tratando de salvar la patria o, bueno, de comprometerla lo menos posible y que salga lo mejor librada. La pluma está en la Casa de Nariño, ha viajado a unos cuantos consejos comunales y tiene tinta de repuesto hasta el 2010.



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